Heberto Castro Pimentel en presente

Este era su gesto característico (Foto José Sarda/Archivo histórico de El Nacional. Tomada de el-nacional.com)

Quiero hablar de él en presente, porque no pasa nunca. En presente continuo. Eso que nos enseñó no se va; gracias a él aprendimos a dar los primeros pasos de bebé en el camino del periodismo. Siempre junto a nosotros, al lado, nunca delante: Esto es, hija, así se hace, así lo aprendí yo, con una generosidad que se ve poco en el mundo de los medios, porque es una generosidad desprendida, con fe profunda en el oficio. Y a los dieciocho años encontrarse un maestro así –un editor, que es una rara avis— no puede verse sino como un privilegio.

OJO, OJO, OJO. Empezaba y terminaba así siempre sus pautas, escritas a máquina, en una tira de papel bond, en mayúsculas, con todo detalle. El tecleo nunca callaba, la máquina de escribir activa, que recuerdo anaranjada, en una mesa redonda cerca de su escritorio. Era El Globo de 1993 a 1995, pionero en la tecnología de red, pero Heberto nunca quiso usar la Pe Cé, abandonar el símbolo de su credo jamás.  De ese credo nos trasmitió los primeros versos. Las puertas de esa oficina del jefe de redacción siempre abiertas.

El olfato del reportero no se enseña: lo que él hizo fue mostrarnos que lo teníamos, confirmarnos por qué estábamos allí. Creyó en nosotros, muchas veces más que nosotros mismos.

El amor por el oficio tampoco se enseña, pero él nos dio mucho del suyo.

Miguel López Trocell, también mi guía, me llevó a ese periódico cuando apenas dejaba la pubertad. Fueron tiempos muy felices y siempre se lo agradezco a Miguel. Heberto hizo de El Globo una pequeña escuela de periodismo en la vida real, nos dio la paleta, la suya, para empezar a batir el cobre.

Su hermano Iván, chispa maracucha como él, sonrisa amplia, lo visitaba con frecuencia. Con él me encontré a finales del año pasado y me dijo que Heberto estaba bien. Hacía tiempo que no hablábamos. Lo llamé entonces y me atendió su esposa, su compañera de toda la vida. Heberto había salido a caminar. “Dígale que lo llamé”. Y no insistí.

Me agarro de la certeza de que él sabe que le estoy agradecida.

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9 comentarios

Archivado bajo El oficio

9 Respuestas a “Heberto Castro Pimentel en presente

  1. Blanca Veta

    Sa,me pusiste otra vez. Ese fue y sera siempre mi mejor jefe. El que me trato como nadie y me guio por el camino del reporterismo economico.Que bello dejar esta tierra con tanta gente queriendole

  2. victoria

    Me da mucha tristeza lo de Herberto… marco mi adolescencia, amigo de mis padres y colegas… y como sucedia siempre en esos casos, con los amigos de Pulido, ellos se convertian en tios, padrinos… figuras que admirar, “porque Vicky, ese señor lleva el oficio en la sangre…”.

  3. Amaia Fano

    Un justo y merecido homenaje a su recuerdo. Gracias Sandra, por la memoria compartida.

    • Gioconda de Castro

      Agradecimiento e invitación a la misa por el primer de fallecido de heberto.
      Lugar; Iglesia de la Transfiguración del Cafetal.
      Día ; miércoles 24. Hora 6pm

  4. Sonia Leòn Baròn

    que hermoso es saber que hay personas en la vida que vinieron a realizar una misión y fue cumplida Heberto Castro Pimentel, gran amigo de esta Ciudad de Mèrida donde deja una familia muy apreciada, la de su hermano Ruben Dario Castro Pimentel(Q.E.P.D), siempre lo recordaremos con admiración y respeto, un hombre a carta cabal,muy familiar, su enseñanza a tantos periodistas debe servir de ejemplo para luchar por la libertad de expresión en nuestro pais, un abrazo de solidaridad para toda la familia Castro Pimentel, descansa en paz

    • Gioconda de Castro

      Hola les saludo y les invito para el proximo miércoles 24 de febrero a una misa en la Iglesia de la Transfiguración del Señor en el Cafetal, nuestro amado Heberto cumple un mes de su partida.

  5. rc082860

    Gracias por sus palabras sobre mi tio, desde lejos podemos ver que su paso por esta vida, dejo muestras de su calidad humana.

    Ricardo Castro
    Houston, TX

  6. Grato homenaje para este periodista de la vieja guardia y comprendo el sentimiento de gratitud entre quienes fueron sus amigos y depositarios de sus enseñanzas…

    Esta semblanza me ha despertado el interés de leer acerca de Heberto Castro Pimentel, de quien, lo confieso, poco conozco…

    Saludos,

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