Hoy fui testigo de una irregularidad

Esta mañana fui a tramitar un papel, cargada con paciencia yóguica y el libro de turno, pensando en horas de espera, a unos tribunales en Los Cortijos. No: salí de allí en acaso veinte minutos. Pase por aquí, listo todo, encontrado el papel en ese libro con manuscritos de 1973, te damos la copia el miércoles a esta hora. Nada más.

Él, tan sereno, chaqueta negra de juzgado, carnet con el escudo nacional en dorado grabado en cuero –funcionario del poder judicial–, me dijo que eso es porque había poca gente. “Venga el lunes para que vea el gentío”, sonrió debajo de su calvicie mulata.

Igual era eficiencia pura lo que estaba presenciando –en estos tiempos, una verdadera irregularidad– y me pareció venida de lejos, marciana: una añoranza.  Él, tan sereno, fue el primer responsable. No sólo conmigo. A cada uno de quienes iban al mismo trámite indicaba cómo hacer hasta el más básico ejercicio: en este espacio escriba esto, venga para acá que yo le indico, vamos a taquilla para que le devuelvan su cédula.

No supe cuál era su verdadera función en esta oficina y probablemente gane un poco más que el salario mínimo. Desde la puerta controla quién entra, pero para ayudarlo siempre. Eso es lo que vi. Sin un dame algo ahí, mami, con guiño de ojo y gesto cínico. La gentileza que me mostró era real y el hombre parecía disfrutarla.

Recordé a aquel guardia nacional en el módulo de auxilio vial de la entrada a Maracay el día de navidad, cuya amabilidad sí iba entre comillas. Nos engañó al principio, cuando llamaba al listado de grueros de su celular para que nos llevaran a Valencia, y oía precios, como si no supiera nada.  Pensamos: un guardia nacional que hace su trabajo, el milagro que sí necesita Scrooge. Qué va. Cuando el chofer de la grúa nos dejó en el destino, nos pidió más plata porque el guardia le había quitado una “comisión” de ciento cincuenta bolos.

Por eso: una añoranza. El funcionario de los tribunales de Los Cortijos, tan sereno, es un oso frontino, por nombrar una especie venezolana en peligro de desaparecer. Más bien un sapito arlequín amarillo: una que ya no existe.

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4 comentarios

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4 Respuestas a “Hoy fui testigo de una irregularidad

  1. Rina Arocha

    Eso demuestra que nosotros los venezolanos podríamos siempre trabajar en pro de un mejor país, un mejor servicio, un mejor día…

    Siempre he pensado que un funcionario público está al servicio del público, ese es el principio, no pueden existir “matraqueos”…

    Nunca pierdo la fé en mi gente, mi pueblo, con todo y las circunstancias, porque el “exilio” forzado por motivos de familia me ha demostrado que los venezolanos somos 100% producto de exportación como capital humano.

    Hasta en los países de “primer mundo”, “industrializados” o como los quieras llamar, eso existe. Como dicen por estos lares: “tutto il mondo è paese” (todo el mundo es pueblo…)

    Ojalá la crisis económica mundial y el hambre de esta etapa de nuestra historia no genere más “matraqueos”, “guiños” o “ayudas falsas”.

    Una ex-funcionaria pública…

    • Sí, Arochita, y eso no está pasando sólo en la función pública. En el sector privado también abunda la ausencia de vocación de servicio, te tratan como si te estuvieran haciendo un favor sin ganas. No te dicen Mami cuánto hay pa’eso, pero te ponen a que hagas tú el trabajo de ellos. Esas son pequeñas muestras de impunidad. Todo eso se deriva de nuestra baja cultura de reclamo y de nuestra costumbre de resolver las cosas a realazos, pagando pa’ que me hagan o pagando las cosas carísimas, no importa cuánto cuesten.

  2. Adriana Gutiérrez

    Qué gusto leerte! Te había pérdido el hilo ultimamente. Da gusto re encontrarte también en esta vereda y sentir la compañía de tus líneas en este momento de “retiro invierno martenal”. Gracias.

  3. THAIS

    Yo también tuve la oportunidad de encontrar un oso frontino en la Onidex de Acarigua en Portuguesa.. A pesar de la molestia que sentía porque me asignaron esa oficina para sacar el pasaporte, vivo en Valencia, el proceso fué expedito y la amabilidad del funcionario, bastante joven por cierto, me sorprendió gratamente.En menos de quince minutos el trámite estaba listo.. A pesar de las siete horas de viaje, ida y vuelta,pudimos decir “Gracias a Dios todo fué rapidito”..Lamentablemente de esos osos quedan pocos…

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