Soñé que estaba presa

Casi nunca recuerdo mis sueños, y si lo hago, vienen a mí como retazos.

Pero esta mañana, entre las brumas del “cinco minutos más”, llegó fresco a la memoria: soñé que iba a la cárcel, una cárcel venezolana, por unas horas. Allá dentro todo estaba ordenado y todos eran amables, los reos y los custodios. Los presos y las presas convivían en el mismo lugar, se encontraban en el patio sin percances, sin temores a abusos y violaciones. No había chuzos ni armas de guerra. No había guardias nacionales.  Si había cantinas: pedí un marrón grande y me lo sirvieron al instante, sin espuma, con una sonrisa, por mil quinientos bolívares. Eso, sonrisas es lo que recuerdo. Una cárcel que no era hermosa: parecía un penal, pero no el infierno. Entonces ya me pude ir al final del día, como si hubiera estado de visita, faltaba más, hasta luego. Al despertar pensé que no había mucha diferencia entre esa fantasía onírica y escoger quedarse en casa por unos días, sin ver la calle.

Mis amigos periodistas como yo soltarán una carcajada por el chiste y Humberto Prado dirá que soñé con Disneylandia. El  ministro El Aissami lo usaría como propaganda.

Quienes me conocen y me llaman Sandrita dirán que es otra ingenuidad mía, tan dulce ella, ay tan bella.

Pues yo no sé qué interpretar de este sueño imposible y ya no tengo a mi analista junguiano para que me ayude. Quizás tenga que ver con el miedo que se me quedó en el cuerpo desde que asaltaron a Antonio en diciembre; hace días que no salgo y cuando él no está se me hunde el pecho. O será que mi propio país se me ha hecho una cárcel (sí, no soy la única).

No sé de qué me siento presa en una jaula de oro.

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3 comentarios

Archivado bajo Inclasificable

3 Respuestas a “Soñé que estaba presa

  1. Adriana Gutiérrez

    Genial mi Sanfue! Qué gusto poder leerte mientras amamanto a Aitor. Besos y felicitaciones x tu blog. TQM

  2. C

    Sandra, tu post me hizo acordar mucho a una canción de Ismael Serrano: “El virus del miedo” http://www.youtube.com/watch?v=KEEJcYQO9b8

  3. En 1997 viví algo parecido: hice un recorrido por 7 cárceles, visite Tocoron, La planta, Tocuyito, El Inof, la de Maracaibo, la de Ciudad Bolívar, y finalmente El Dorado.
    La violencia no es escandalosa, es mas bien silenciosa…aquí, afuera, si lo es, allá adentro esta implícita en todo momento si pero no es el infierno, no vez chuzos ni armas esgrimidas impunemente, los custodios no pueden entrar con ellas, corren el riesgo que se las quiten, por lo tanto a juro tienen que ser amigos de los reos, tanto es así que la Guardia Nacional solo vigilan las puertas y generalmente cuando entran no es para poner orden sino para joder mas. En casi todas la impresión fue la misma pero especialmente en la de Ciudad Bolívar, conviven mujeres y hombres por igual, ambiente amable, tranquilo, como en un pueblo, siempre están divididas entre la gente que no busca violencia y los que si la quieren, estos últimos permanecen ocultos, solo salen en las noches pero el resto del día pertenece a individuos que convive tranquilamente, buscan conversar contigo, incluso te atienden afablemente, se quejan mucho, y nunca son culpables de nada, hasta hacen chistes al respecto. Obviamente no hay cantinas, pero si hay los que se sientan en una mesita a vender café.

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